Castellar y Tesorillo, entre los municipios gaditanos que resisten al COVID-19

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La Plaza Andalucía de Castellar durante el confinamiento. Foto: Manolo Glez.

Día 78 tras la declaración del estado de alarma por la crisis sanitaria derivada del coronavirus. A tan sólo unas semanas para cumplir ya tres meses batallando contra el invisible enemigo del COVID-19, Castellar de la Frontera y San Martín del Tesorillo se encuentran entrelos siete municipios gaditanos libres de coronavirus, los dos únicos del Campo de Gibraltar. Los registros oficiales de la Junta de Andalucía mantienen a cero el contador de casos positivos notificados en estas dos poblaciones. La provincia cuenta además con El Bosque, Espera, Puerto Serrano, Torre Alháquime y Zahara sin ningún caso registrado en su término municipal.

Los responsables políticos de ambos municipios del Campo de Gibraltar, Adrián Vaca en Castellar y Jesús Fernández en Tesorillo, coinciden en tres claves fundamentales para mantener este virus a raya: la ventaja de contar en este caso con un menor número de habitantes, una actuación municipal adelantada y coordinada, y el civismo y responsabilidad de sus vecinos.

Población reducida y dispersa

Hoy en día, en plena pandemia por el coronavirus, residir en un pueblo pequeño se antoja una ventaja. Cuando durante algún tiempo muchos han huido de estos lugares en busca de las grandes ciudades, ahora son estos pueblos los que resisten como oasis al virus. El alcalde de Castellar, Adrián Vaca, señala la extensión de su municipio, donde residen alrededor de 3.000 habitantes, como una clara ventaja. “En este caso nos ha favorecido tener una población más reducida. La extensión del casco también es algo positivo”.

Jesús Fernández, alcalde del joven municipio de Tesorillo que cuenta con unos 2.700 habitantes, destaca además el entorno favorable del lugar: “Aquí los vecinos cuando salen a pasear o a hacer deporte no se agolpan. Nosotros, que ya llevamos tiempo sin franjas horarias, tenemos recorridos, carriles y senderos para andar fuera del pueblo. Si no quieres, no tienes por qué cruzarte con el vecino”.

Actuación adelantada y coordinada

Otra característica que comparten ambos municipios en esta lucha contra el COVID-19 es que sus Ayuntamiento han enfrentado al virus con una respuesta adelantada y coordinada. Todavía no era obligatorio el uso de mascarillas cuando en Castellar ya se repartía este bien, ahora tan necesario, puerta por puerta. En total, el Ayuntamiento chisparrero ha repartido más de 3.500 mascarillas entre su población, además de equipos de protección para el personal del servicio de ayuda a domicilio, y pantallas de protección facial y geles hidroalcohólicos entre los establecimientos que han reabierto progresivamente en las distintas fases de la desescalada. “Y vamos a continuar repartiendo”, asegura el alcalde de Castellar; municipio que además tomó la delantera en la zona con la instalación de los primeros arcos desinfectantes para vehículos.

Tesorillo tampoco se ha quedado atrás en el reparto de estos equipos. “Todo esto nos cogió sin mascarillas ni guantes, pero nos pusimos a buscar en un sitio y en otro, hablando con un representante y con otro, llamando a todas las puertas, pidiendo favores”, explica Jesús Fernández. El personal de ayuda a domicilio, los responsables de los comercios locales que han permanecido abiertos, la plantilla municipal y vecinos particulares han recibido materiales de protección. El grupo de costureras voluntarias del pueblo ha confeccionado cerca de 4.000 mascarillas reutilizables.

Las tareas de limpieza y desinfección también han sido una práctica fundamental en estas dos poblaciones en las que, en los peores momentos de la pandemia, sus calles, plazas y otros espacios públicos se han desinfectado a diario. Este plan especial de limpieza continúa hoy en día, “sin bajar la guardia”, aseguran ambos alcaldes. Para ello, estos dos municipios han contado con la ayuda de sus propios trabajadores municipales, con la empresa de desinfección Coinpla, contratada por la Diputación, el Ejército y el cuerpo de bomberos. Sumándose además grupos de agricultores voluntarios de estos dos pueblos que han prestado, y continúan haciéndolo, su tiempo y maquinaria para estos trabajos.

“En Castellar también hemos contado con la ayuda de la finca La Almoraima. Con todos ellos hemos ido organizando las desinfecciones semanalmente, para asegurar que todos los días se realizasen estos trabajos y repartiendo además las zonas de actuación”, explica Adrián Vaca. En Tesorillo, “si un vecino nos pedía que desinfectásemos una zona concreta, su puerta mismo, en la medida de lo posible hemos ido con el personal de Vías y Obras”, añade Jesús Fernández.

Tanto en Castellar como en Tesorillo, sus responsables políticos se han echado a la calle para ayudar en lo que haga falta, repartiendo equipos de protección, material escolar, productos de primera necesidad, y atender así a sus vecinos directamente. “Esto es lo que tienen los pueblos pequeños. Contamos con un extraordinario equipo pero que no es numeroso, por lo que todos tenemos que ayudar en todo“, destaca Adrián Vaca de Castellar. Algo en lo que coincide el tesorillero Jesús Fernández: “En los pueblos pequeños se nos ve más, pero es que precisamente es ahí donde tiene que estar el equipo de gobierno, el alcalde y sus concejales, en la calle, ayudando a sus vecinos“.

Civismo y responsabilidad

Todo este trabajo no se sostiene sin el apoyo, el civismo y la responsabilidad que ambos alcaldes reconocen, y agradecen, a sus vecinos. “El pueblo de Castellar ha mostrado un comportamiento ejemplar. Nuestros vecinos están muy concienciados y han respetado y respetan el estado de alarma”, subraya Adrián Vaca. Para Jesús Fernández, los ciudadanos de Tesorillo son otro ejemplo a seguir. “En los pueblos pequeños es más fácil controlar que se respeten todas estas restricciones. Nuestros vecinos han tenido un comportamiento ejemplar, cumpliendo con todo y ayudándose unos a otros. Aquí ha habido personas, sobre todo los mayores, que han estado confinadas dos meses enteros, sin salir para nada. Sus hijos les llevaban la comida y todo lo que les hiciese falta“.

Y así, con compromiso, prudencia y responsabilidad, y por qué no, la suerte en este caso de vivir en un pueblo pequeño, es como David vence una vez más al gigante Golliat.