Y eso que de esta íbamos a salir mejores…

141

Esta claro que como ciudadanos podemos y debemos ser críticos con el gobierno y el poder sea cual sea su color. Pero siempre con un espíritu de crítica constructiva y aportando soluciones a aquello que no vemos bien.

Pero lo malo de reclamar, pedir, exigir y demandar es que son derechos que conllevan (como todos) obligaciones para las que, a tenor de los últimos acontecimientos, no estamos preparados para cumplir.

Tratando de ser comprensivo y levantando el primero la mano en aquello de no cumplir a rajatabla las normas, tengo que decir que ni siquiera el hecho de haber estado meses confinados y con la movilidad reducida, justifica la cantidad de irresponsabilidades que veo cada día en televisiones, redes sociales y paseando por la calle.

Comprendo, como decía, que han sido meses duros para todos, que hay un componente económico para que la desescalada se haya acelerado más incluso de lo que pedíamos aquellos que pensábamos que era necesario reactivar la economía, que hay un componente social y de comportamiento en el sur que es difícil cambiar de un día para otro. Pero a pesar de todo esto sigo sorprendido por la ligereza con la que hemos retomado esta mal llamada “nueva normalidad”.

La guinda del pastel que me invita a escribir estas líneas no es otra que la concentración ayer tarde de aficionados del Cádiz CF donde, sin ninguna distancia de seguridad, cientos, quizás miles de personas se agolparon para dar la bienvenida y animar a los jugadores a la entrada del estadio.

Giros del destino quisieron además que no fuese ayer el día soñado por todos los seguidores de un club tan querido, por otra parte, parece claro que será tan sólo un pequeño retraso en el sueño de todos los cadistas. 

Es obvio que no es suficiente con las llamadas a la responsabilidad y que, a las pruebas me remito, necesitamos que “nos legislen” o como diría un buen amigo “que nos frían a multas”; solo así parece que comprenderemos la gravedad de la situación e incluso si alguien no la comprende la respetara gracias a duras medidas coercitivas.

Quizás muchos de los que defienden las libertades sociales crean que las prohibiciones no son una buena fórmula. El que aquí les escribe es un absoluto descreído del sentido común, la comprensión y el respeto que nos tenemos como sociedad. De hecho, yendo aún más lejos, soy de los que piensa que el verdadero fracaso de cualquier sistema de organización social y económica se basa en la premisa de que comprenderemos y entenderemos las reglas cuando lo único que está claro es que lo que sabemos hacer mejor es cumplir éstas por miedo.

Ojalá algún día la evolución y formación de nuestros hijos y nietos me hagan sentir que estoy equivocado y vivamos en una sociedad donde el respeto y la madurez hagan innecesaria las prohibiciones y podamos depositar las esperanzas. Mientras tanto, por favor, un ruego a nuestros gobernantes en lo referente a las normas post COVID-19: prohibiciones y sanciones.